miércoles, 15 de abril de 2009

FRESAS PPERFUMADO MANJAR


En la antigua Roma, la fresa era perfectamente conocida y se la creía originaria de las boscosas laderas de los Alpes. Aparece también en la Historia Sagrada, que nos cuenta cómo San Juan Bautista se alimentaba excl

ivamente de frutas y que entre ellas prefería las perfumadas fresas que maduraban en las amenas laderas del Líbano. ¡Lo cual demuestra que hasta un eremita puede ser goloso alguna vez!En la Edad Media, a la fresa se le llamaba "fragaria", del verbo "fragare", que significa exhalar fragancia, perfumar. Ciertamente que la fresa, bien sea el pequeño fruto con qe el bosque nos regala al paso, o el opulento fresón cultivado en invernaderos, es siempre la fruta más suave y perfumada, aquella que más placer causa a la vista y al paladar. ¡Y dicen que el sólo deseo de poder comerla cómodamente y conservando todo su exquisito jugo, fue lo que en Italia condujo a la invención de la cuchara!La fresa no se cultivó hasta el siglo XV, y hasta esa época los bosques y cañadas fueron sus dominios. Pero los sibaritas la trasladaron a los huertos e invernaderos y con sus asiduos cuidados hicieron de ella una de las frutas más solicitadas en las buenas mesas.
• Finalmente, recordamos que destilando la fruta se obtiene un líquido que, luego de reposar durante algunos meses, exhala un delicado aroma de fresa y puede usarse como emoliente de la piel, que así se conserva tersa, fina y delicadamente sonrosada.
CUETO ZEN
Los tigres y la fresa sabrosa (cuento zen)«Buda contó una parábola en un sutra:
»Un hombre que viajaba a través de un campo se encontró con un tigre. Y huyó mientras el tigre lo perseguía. Al llegar a un precipicio, se agarró de la raíz de una liana y saltó al otro lado. El tigre lo olfateaba desde arriba. Temblando, el hombre miraba hacia abajo, donde otro tigre lo esperaba para devorarlo. Sólo la liana lo sostenía.
»Dos ratones, uno blanco y otro negro, poco a poco,empezaron a roer la liana. El hombre vio una linda fresa cerca. Agarrándose bien de la liana con una mano, con la otra cogió la fresa. ¡Qué sabrosa estaba!»
(Tomado del libro “Nada Sagrado / Textos Zen”, Oscar Todtmann Editores)

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